El objeto del concurso era recuperar como referencia urbana la plaza de la Leña en Santander para procurar una mayor visibilidad como lugar de estancia y reordenar sus usos y recorridos. Para la recuperación de este espacio público se debían solucionar los problemas de exceso de pendiente, desconexión del espacio, invasión de automóviles, y la aparición de algunos elementos disonantes al entorno.
La primera actuación de mejora consiste en la reducción de la pendiente mediante el aumento de los recorridos, lo que potencia a su vez, el uso del espacio al forzar el recorrido por el mismo. Se contempla la eliminación del aparcamiento y de las filas de contenedores de residuos urbanos del entorno favoreciendo la continuidad espacial y la visibilidad del espacio. La reubicación de los contendores en un espacio cercano en la misma calle lleva aparejado un ensanchamiento de la acera evitando tramos estrechos de calle que facilitan la degradación de la Plaza de la Leña.
Se apuesta por la conservación de las características propias del lugar, que garantizan la viabilidad y la conservación en el tiempo de la propuesta. El uso de sistemas propios como son los muros de mampostería de piedra o el empleo de especies vegetales autóctonas como materiales del proyecto vinculan la propuesta con el paisaje local y con elementos singulares del entorno como el colegio San José.
Se potencian los pavimentos ya existentes en las calles o espacios públicos adyacentes para garantizar la continuidad con el ámbito de la actuación, prevaleciendo los de piedra local sobre los otros tipos de baldosas. Vinculada a las zonas de asiento, la piedra del suelo se texturiza y se modifican los formatos señalando un cambio de uso que ralentiza la circulación. En la parte central la textura del suelo se transforma en terrizo compacto que impide el barro, convirtiéndose así en una zona más lúdica con pavimento de pizarra para juegos infantiles.
Se aprovechan los desniveles para generar situaciones lúdicas y se crean taludes vegetales para absorber los desniveles bruscos y favorecer la fluidez espacial. Se tapizarán con herbáceas y gramíneas de escaso mantenimiento (trifolium, lolium permne…) y un tratamiento localizado de árboles caducos y arbustos locales.
El resto de desniveles se tratan mediante bancadas con muros de contención de mampostería local que dialogan con los cerramientos y contenciones propios del entorno como se evidencia en las tapias del colegio San José. Estas zonas, además, se vinculan al arbolado de hoja caduca para lograr zonas de descanso a la sombra en verano y con sol en invierno.








